Friday, February 13, 2015

Érase una vez el fuego en el invierno — Capítulo especial de San Valentín

Hola, amigos, esta es mi forma de desearles lo mejor y celebrar con ustedes.
Si no has leído Inevitable, mi sugerencia es que no leas esto, pues hay muchos spoilers.
Muchas gracias a todos por seguirme, apoyarme y regalarme su cariño.
Feliz día de San Valentín.


S


Érase una vez el fuego en el invierno

Miro por la ventana, afuera ha comenzado a nevar y mientras el paisaje se cubre de blanco yo me abrazo a la calidez de mi esposa. Así me gusta despertar, ella está desnuda entre mis brazos, nada se interpone entre nosotros, cubro con mi cuerpo toda la suavidad de su piel, quiero abrigar hasta su sombra, que no quede ni un ápice de su cuerpo fuera de mi cobijo.
Aún sumida en ese profundo sueño ella busca mi calor, encajamos perfectamente, como dos piezas de un intrincado rompecabezas. Ella me completa, es mi otra mitad, mi todo. Mi razón de vivir.
Marguerite encaja su trasero en mi ingle y todo en mí se tensa. Joder, en un nanosegundo estoy duro como el acero, justo ahí, en donde mi miembro clama por su atención, pero tengo que contenerme. He estado planeando esto durante algunos días, quiero hacerlo especial por ella, para ella.
Maldición, todo mi ser protesta cuando me separo de su espalda, ella también reniega entre sueños, mi florecita se puede convertir en toda una leona y si a eso le sumamos que con tantas hormonas circulando por su cuerpo se ha transformado en una bomba de tiempo, algo parecido a un bote de refresco revuelto y a punto de estallar; sin embargo, así loca y cascarrabias, no la cambiaría por nadie en este mundo.
Tomo un par de cosas que necesito del cajón de la mesita de noche y pongo el iPod a sonar, enseguida la voz de Sia llena el espacio silente. Esto va a ser divertido, muy divertido. El líquido frío resbala por mis manos, me gusta como huele, casi tan bien como ella. Casi es la palabra clave.
Froto de nuevo mis manos hasta que el aceite está tibio así que a lo que sigue. La boca se me hace agua, mi soldado se pone en posición de saludar, está listo para dar batalla entre sus piernas, cruzando las líneas de sus labios. Pero es pronto, aún queda mucho por hacer.
Mi esposa está buenísima, tiene un trasero que me vuelve loco y si por mí fuera, no saldría de la casa nunca, por eso me ocupo de que siempre salga bien satisfecha. En estas semanas su figura ha ido cambiando, algunas veces esos cambios son pequeños e imperceptibles, otras veces ambos nos maravillamos de la gran obra de la naturaleza. Estoy eufórico, extasiado con la buena nueva, sin embargo hay una parte de mí que se entristece. Pienso en lo que pudo haber sido y no pudo ser, en todo aquello que me perdí, que me robaron, que me arrancaron. Mierda, me dan ganas de agarrar algo a patadas y hacerlo trizas, pero de nuevo la visión de mi desnuda esposa arrastra toda la tristeza y se la lleva lejos. Esa es su magia, ella tiene el poder de reconstruir lo que no tiene remedio, yo era un hombre roto hasta que la vida nos puso frente a frente otra vez.
El cerebro me ordena que comience masajeándole la planta de los pies, pero mi lado travieso quiere que vaya directo al grano. ¿Qué puedo hacer? Mi carne es débil, soy un Zorro hambriento y voy por lo que quiero. En cuanto acaricio su pezón derecho ella se remueve y perezosa abre sus hermosos ojos, inmediatamente sonrío como el idiota enamorado que soy.
—Buenos días, amor —me saluda—. ¿De qué se trata esto?
Su boca me llama, sin poder evitarlo me inclino sobre ella, la beso en los labios. El beso es casto, rápido y seco, sin embargo es la promesa de que mucho más está por venir.
—Feliz San Valentín, florecita. —Abre los ojos, seguramente pensó que lo había olvidado, el despiste siempre juega a mi favor, mi esposa sabe que soy un hombre ocupado. Pero ella siempre es el número uno en mi lista de prioridades. Siempre.
Vuelvo a acariciar sus pechos que ahora están más crecidos, preciosamente adornados por unos pezones que se han tornado de un rosa intenso, preparándose para la llegada de mi hijo. Estoy a punto de babear, tengo que contenerme, en un rato ambos podremos recoger los frutos de mi siembra.
Ella se remueve inquieta mientras mis manos recorren su torso, cierra los ojos y un jadeo escapa de entre sus labios, esto promete, promete mucho.
—Me preocupa en dónde aprendiste a hacer esto tan bien, Fox —reniega después de un rato, no quiero ir por ese camino, así que hago lo mejor que puedo por distraerla.
Mis manos bajan por su vientre, que ahora está redondeado y lo beso repetidamente, algo o mejor dicho alguien responde bailando ahí dentro. Una vez más seremos bendecidos con la llegada de un milagro a nuestras vidas. Puedo matar a cualquier imbécil que se me ponga en frente y quiera separarme de mi familia, yo los necesito, ellos me necesitan, los amo más que a nada en este mundo. He dicho. Caso cerrado.
Emprendo camino hasta donde más necesitada está, pero sin llegar ahí, la quiero anhelante, delirante, perdida entre las nubes del deseo, del amor. Me encanta saber que está húmeda por mí, sus pliegues están brillando expectantes y yo estoy como una piedra por ella. Dos de mis dedos se cuelan en su interior mientras el pulgar la toca donde tanto le gusta, pronto la tengo convertida en una masa jadeante sobre las blancas sábanas que cubren nuestra cama.
Pero si pensaba que mi florecita se iba a estar quieta estaba muy equivocado, tan concentrado estoy en lo mío, que no me di cuenta en que momento tiene mi miembro entre sus manos. La mujer de mi vida sabe qué hacer para volverme loco, su mano me acaricia de arriba abajo con firmeza y lentitud, como siga por ese camino en un par de minutos me voy a correr. Un gruñido sale de mi boca, me tiene exactamente donde quiere, pero no es en su mano donde quiero terminar. Ella es una combinación embriagadora. No puedo hacer nada, esta lucha es cuerpo a cuerpo. Me acomodo a su lado sin dejar de tocarla, sin que deje de tocarme, pero en el lugar exacto para poderla besar. Me recibe con los labios abiertos, su lengua baila con la mía mientras las notas de Sugar se cuelan por las paredes.
Ella gime y le respondo jadeando, no hay necesidad de hablar, nuestros cuerpos gritan lo que nuestras bocas son incapaces de explicar. Recorro con mi lengua su boca, su cuello, sus hombros, sus pechos, no puedo detenerme en ningún lugar, ella es un banquete y deliro por devorarla.
Una sonrisa perversa ilumina de pronto su rostro, aquí viene mi leona, he creado una sensual máquina sexual llamada Marguerite Fox y en este momento hace su triunfal aparición. Valiéndose de mi debilidad ante ella toma el control de la situación y sentándose a horcajadas sobre mí me deja entrar en su cuerpo, es tanto el placer que siento que los ojos me han dado un par de vueltas dentro de las órbitas. Jodido estoy, como no me recomponga voy a terminar primero que ella y no quiero eso, mi mujer siempre ha de quedar satisfecha.
Mis manos viajan por sus nalgas redonditas, por su vientre, entre sus piernas. Ella lo siente, está por llegar y yo quiero que cruce la meta. Baila para mí en esa forma que solo Marguerite puede, el movimiento de sus caderas me hipnotiza, me desquicia y me desborda, estoy ciego de pasión por ella. Como puedo me incorporo de espaldas al cabecero y me doy un festín con sus pezones, los lamo, beso y mordisqueo, ellos responden hinchándose, endureciéndose, creciéndose ante mi embate, mientras su cabello suelto le acaricia los hombros y la espalda, mis dedos inquietos viajan hasta su cabeza y la beso con todo lo que tengo, ella responde al instante, moviéndose con más ahínco, sedienta de placer. Sus uñas se clavan en mis hombros buscando equilibrarse, joder, eso me encanta, estoy también al borde del abismo.
Un grito rompe nuestro beso, sus paredes me aprietan, su gozo quiere arrastrar al mío. Pero. Aún no es tiempo, quiero darle más y quiero más de ella.
—Ni creas que he terminado contigo —le advierto tomándola por la cintura y acomodándola entre las almohadas.
—Contaba con eso —responde con esa picardía tan sexy que me vuelve loco.
¿Quiere más?
No tiene que rogar por ello, mi florecita tiene todo lo que ella desea, mi mundo entero está a sus pies. Lo que Marguerite Fox quiere, lo tiene. Simple y sencillo.
Mi boca se posa entre sus piernas, mordiendo, lamiendo, buscando. Sabe a ella, a mí y a sexo, su esencia me vuelve loco, huele, sabe y se siente tan bien que es mi licor favorito, podría vivir borracho de ella por el resto de mi vida, ese exactamente es mi plan.
Un nuevo estremecimiento la barre, ella lucha contra lo que siente, intenta evadirse pero no puede, la tengo bien agarrada por las caderas impidiéndole que escape. No quiere hacerlo, sus dedos clavándose en mi cuero cabelludo, haciendo que me pegue más a ella es la clara evidencia de eso. Mis dedos la invaden y sus músculos responden contrayéndose, está a punto, un ligero cambio de ángulo y logro mi cometido. Mi leona ruge furiosa, mientras rápidamente entro en ella para dejarme llevar por las olas de placer que la arrastran. Esto es lo mejor que hay en el mundo, nada se le compara, es demasiado para soportarlo, mi grito se une al suyo y me dejo ir, mi calor la llena y ambos caemos rendidos, pegados el uno del otro, desmadejados.
Mi ser se arrodilla ante ella, ante la inmensidad de todo lo que me da, del poder que tiene sobre mí. Hay días en que dudo ser digno de su amor, de su devoción, de su entrega. Pero entonces ella me sonríe y todo vuelve a cobrar sentido. Marguerite me da razones para creer, para luchar, para esforzarme por ser un hombre digno, el esposo que merece, un padre para mis hijos. Hijos, varones, porque ruego al cielo que lo que viene en camino sea otro niño, con lo sinvergüenza que he sido en esta vida, no quiero darle la más mínima oportunidad al karma de que me cobre todo lo que he hecho.
Varones, sí señor, ese es el camino seguro.
—Te he dicho mil veces que es una niña —dice entre risas. No me había dado cuenta que estaba pensando en voz alta.
—Entonces que se parezca a mí, seguro la pobre será tan fea que nadie la va a voltear a ver.
Ella vuelve a reírse y también me contagio por su alegría.
—Me casé con el hombre más guapo, deseable y apetecible de todo el mundo, si nuestra hija se parece a ti creo que deberás comprar esa escopeta de la que tanto le has hablado a Pierre.
—Pues entonces espero que mis genes muten en algo así como Cuasimodo —por supuesto estoy mintiendo, lo que más espero es que nuestro bebé nazca sano, fuerte y con unos buenos pulmones. Que no nos deje dormir en las noches y que pueda vivir junto a ella todo aquello que me perdí con Pierre.
—¿Crees que debemos llamar a casa? Me preocupa qué estarán tramando el grand-père y Pierre.
Bueno, cualquiera les tendría miedo, ese par son dinamita pura.
—Florecita, apenas pasan de las ocho, déjalos descansar un rato más, si llamamos a estas alturas probablemente los preocupemos, están bien.
—Tengo hambre —contesta cambiando radicalmente de tema, lo bueno es que lo tengo todo bien preparado.
—Hoy será un día muy especial —anuncio y ella solo responde levantando una ceja.
Espera, mi vida, el plan es dejarte boquiabierta y no solo con sexo. Bueno, pero si quiere más no me voy a oponer a eso.
Hemos venido a pasar el fin de semana en la villa que la familia tiene en Long Island, fue precisamente en este lugar a donde vine a pensar después de la desastrosa intervención de mi padre en el secuestro de Pierre, en el vestíbulo de esta casa nos reconciliamos de la mejor manera posible cuando mi florecita vino a buscarme hecha una leona sedienta de sangre. Ahora venimos cada vez que nos es posible, algunas veces mi abuelo y nuestro hijo vienen con nosotros, otras veces nos escapamos de la rutina, buscando tiempo para hacer eso que tanto nos gusta. Perdernos el uno en el otro.
Pero no todo es sexo, mi embarazada esposa debe ser alimentada.
Ella se viste con un sencillo camisón de seda blanco y yo con los pantalones de mi pijama, nos encaminamos tomados de las manos, ella piensa que nos dirigimos a la cocina, ahí desayunamos siempre que estamos aquí, pero no, esta vez no. Quiero mostrarle el regalo que he preparado para ella. Espero le guste, nunca antes había hecho algo así, seguramente la próxima semana ella saldrá a comer con sus amigas, las esposas de los idiotas que tengo por amigos y todas presumirán de su fin de semana. Mi florecita no se puede quedar atrás, ella tiene que estar realmente impresionada.
Recorremos un largo pasillo en el ala este de la casa, ella me mira extrañada, casi nunca venimos aquí, antes de que pueda preguntar llegamos a una puerta de madera que se encuentra cerrada, giro la cerradura muy despacio y al abrir la dejo pasar primero, claro, soy un caballero. Sin embargo no me alejo mucho, quiero ver la expresión de sorpresa en su rostro.
Mierda, ella se ha quedado completamente estática, no abre la boca ni dice nada. Está ahí paralizada o tal vez cegada por la luz del sol que se cuela a través de los grandes vitrales. No contaba con esto, me estoy poniendo realmente nervioso, creo que he metido la pata hasta el fondo. Joyas hubiera sido la opción más segura.
¿Por qué se me tenía que dar por ponerme creativo? Jodido Bradley y sus ideas. ¿A mí quién me dijo que esto era como una competencia de talentos?
Mierda.
Mierda.
Mierda.
Marguerite sigue muda, creo que ni pestañea. ¿Habrá entrado en estado catatónico por el enojo?
—Dime algo —ruego nervioso acariciando su cuello—. Dime que te ha gustado, florecita.
—¿Por qué hiciste esto? —Pregunta señalando al invernadero colmado de margaritas multicolores que tenemos frente a nosotros.
—Por qué te amo tanto, que quise que tuvieras aquí, en nuestra casa un recuerdo de nuestra pradera, de los campos que tanto nos gusta recorrer juntos.
—Esto es una locura —afirma aún sin voltear a verme.
—¿Te gusta? —Eso es lo único que me importa.
—Maldita sea, Patrick —Oh, oh, definitivamente metí la pata, mi florecita nunca dice groserías.
Estoy listo para arrodillarme cuando una sonrisa cruza su rostro.
—Me encanta, me encanta y me encanta. De hoy en adelante este será mi sitio favorito.
Se ha transformado en una niña pequeña, me abraza y cubre mi rostro de besos.
—Cuando volvamos a la habitación te voy a dar mi regalo.
—Creí que ya habíamos colmado la cuota de sexo de la mañana —respondo entre besos.
—Tonto, un regalo de verdad, no me has dado oportunidad de sacarlo del armario. —Mi hijo seguramente será karateka porque en ese momento se hace sentir—. Creo que alguien reclama por alimentos.
Tomados de la mano recorremos el invernadero, buscando la mesa que he mandado a poner aquí con el desayuno dispuesto. Mi esposa recorre el espacio encantada, deleitándose en el simple tacto de los coloridos pétalos. Hice traer cientos de plantas, todas ellas margaritas. Esa flor sencilla y delicada, fuerte y hermosa, justo como ella.
Nos sentamos y mientras desayunamos entre risas miro al paisaje que hay afuera, todo está blanco, cubierto por una gruesa capa de nieve, seguramente estará helando. ¿Pero quién puede pensar en eso mientras tengo frente a mí al centro de mi universo?
Marguerite es la estrella más brillante, mi sol, mi todo. Ella me alimenta y me da vida, ella es mi motor, mi fuerza y mi porvenir, gravito alrededor de ella, dándole todo lo que soy y recibiendo a cambio el inmenso tesoro de ser correspondido.
Un te amo sale de sus labios y le respondo sin dudarlo, soy completamente sincero, ella tiene mi corazón entre sus manos. De alguna manera la suerte se puso de mi lado y ella aceptó casarse conmigo, ahora oficialmente y para siempre ella es Marguerite Fox.
¿Quién me va a decir que no soy el tipo más afortunado del planeta?


© Susana Mohel 2015.
Prohibida la reproducción parcial o total de esta obra sin permiso expreso y por escrito de la autora. 


Friday, November 7, 2014

Llega Inevitable

Estoy muy contenta de anunciar que Inevitable – La llave de su destino II ya se encuentra en Amazon lista para la preventa, faltan sólo 3 días y crece la emoción.
Gracias a todos porque sin el apoyo de ustedes esto hoy por hoy no sería posible.
Espero que disfruten mucho de la lectura.
Besos <3

S


Monday, August 11, 2014

Día Inevitable



Faltan poco menos de 90 días, sé que pensarán que son muchos, sin embargo son necesarios. He contratado una editora profesional y a una empresa para que se encargue del diseño y maquetación del libro, además que debo registrar la obra.

Estaremos en este tiempo subiéndoles adelantos, imágenes con frases, videos y muchos extras de lo que viene en la historia. Como les dije cuando hicimos el anuncio, el libro estará disponible gratis por un corto periodo de tiempo es mi compromiso con ustedes, que son los mejores lectores del mundo entero, a partir de ahí, su descarga tendrá un costo, aunque muy módico me ayudará a sufragar los gastos que la edición y la maquetación me está generando.

Cuento con ustedes para ayudarme a compartir la noticia, para que todos conozcan a Patrick y Marguerite, cuento con sus comentarios, con sus calificaciones, ustedes son mi ejército, el mejor de todos. Son quienes me impulsan y me motivan. Sin ese apoyo no estaría aún aquí.

LA CUENTA REGRESIVA HA COMENZADO… Preparen sus abrigos porque muy pronto La reina del hielo regresará para cobrar su venganza!!!!
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